Opinión: ¿Por qué cocinas?

27/11/2017Grilier Gourmet

Hay personas que cocinan para llenar sus estómagos, otros cocinamos para llenar almas. Ese es mi caso.

Desde que era muy pequeña, con poco más de seis años, fui aprendiendo primero a hacer cosas básicas. Primero le pelaba las patatas a mi padre, para que cuando llegase del trabajo tuviera menos que hacer. Entonces él se ponía a freírlas, y nos hacía a mi hermano y a mí el clásico menú de niños, huevos con patatas fritas. Mi madre trabajaba en el turno opuesto de mi padre y se veían poco, pero siempre tenían tiempo para nosotros.

Los veranos siempre los pasé con mis abuelos, y a medida que fui cumpliendo años mi interés por la cocina fue en aumento. Durante esos veranos, trataba de absorber todo lo que podía de mis abuelos. Así que me mantenía al lado de la cocina de leña mientras mi abuela hacía todos los platos que disfrutábamos. Si cierro mis ojos aún puedo sentir los aromas que había en la cocina. De ella aprendí que la cocina llena más que estómagos.

Con mi abuelo, pasábamos las noches entretenidos ahumando jamones y chorizos, mirando como las brasas y laurel se quemaban frente a nosotros.

Nunca me aburrieron esas cosas, simples, pero que me hacían tan feliz. Pero el día de hoy, doy gracias por haberlas vivido. Y por haberme sentido tan querida al hacerlo.

No recuerdo en qué momento empecé a ser yo la que cocinaba en casa, y mi madre que, si bien era y es una buena cocinera, pasó a ser una observadora. Ahora que soy una mujer casada así que mi madre ha tenido que retomar su lugar como cocinera oficial.

Hay veces que las cosas no salen como esperabas, te falla el tiempo, te olvidaste de poner algún ingrediente, la receta no era la mejor, mucho fuego, poco reposo, etc. Son muchos los factores que pueden fallar, pero cuando haces las cosas con cariño, se nota.

Da igual si cocinas para ti mismo, para dos, para un cumpleaños, o una barbacoa. Puedes hacerlo simple o complejo, pero siempre pon lo mejor de ti.

Yo lo hago. Cuando sé que voy a tener invitados, me preocupo de saber sus platos favoritos, o de hacer algo que sé que le va a gustar a todos. Si sé que los gustos son muy diferentes, preparo dos opciones, varios postres para los golosos, etc.

Sé que tengo mucho por aprender, pero lo más importante es no dejar de intentarlo.

Cuando eres de una línea, es fácil aplicarlo a cada aspecto de tu vida. Como empresa, creemos que, si vas a hacer algo debes hacerlo bien. Si no va a ser así, ni lo intentes. Ponemos todo de nuestra parte, nos preocupamos de los detalles, y esperamos que así lo vean nuestros clientes.

Entonces, cuando llega el momento de sentarte en la mesa, luego de tanto trabajo y dedicación, y ves las caras de felicidad, concentrados en sus platos, preguntando si queda más o si pueden repetir. Es ese el momento en que te das cuenta que lo hiciste bien. Quizás se escuche un “para mí le falta sal” o “yo no soy de postres”. Pero basta con que uno sea feliz, y será suficiente.

Leave a comment

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Prev Post Next Post